¿Sabías que lo que comes puede influir en la manera en que funciona tu cerebro? La alimentación no solo aporta energía al organismo; también proporciona vitaminas y minerales que participan en funciones como la memoria, la concentración, la comunicación entre las neuronas y el adecuado funcionamiento del sistema nervioso.
Aunque ningún nutriente por sí solo puede evitar el deterioro cognitivo, mantener niveles adecuados de ciertos micronutrientes es parte de un estilo de vida que favorece la salud cerebral a lo largo de los años.
¿Cuáles son y en qué alimentos puedes encontrarlos?
Vitamina B12. Es necesaria para la formación de glóbulos rojos y el funcionamiento normal del sistema nervioso. Una deficiencia de vitamina B12 puede provocar alteraciones neurológicas, como hormigueo, problemas de equilibrio y cambios cognitivos. Se encuentra principalmente en carne, pescado, huevo, lácteos y alimentos fortificados.
Folato (vitamina B9). Participa en la producción de ADN y en procesos relacionados con el metabolismo de sustancias como la homocisteína, por lo que es importante para el funcionamiento del sistema nervioso. Se obtiene de verduras de hoja verde, legumbres, cítricos y alimentos fortificados.
Vitamina D. Además de su papel en la salud ósea y muscular, existen receptores de vitamina D en el sistema nervioso y se investiga su relación con diferentes funciones cerebrales.
Magnesio. Este mineral participa en cientos de reacciones del organismo y contribuye al funcionamiento normal del sistema nervioso. Está presente en alimentos como nueces y semillas, legumbres, cereales integrales y verduras de hoja verde. Una alimentación variada suele aportar cantidades suficientes para la mayoría de las personas.
Hierro. Es indispensable para transportar oxígeno a los tejidos y participa en procesos necesarios para el desarrollo y funcionamiento del cerebro. La deficiencia de hierro puede afectar la atención, el aprendizaje y otras funciones cognitivas, particularmente durante etapas de crecimiento. Entre sus fuentes están las carnes, legumbres, espinacas y alimentos fortificados.
Cuidar el cerebro no requiere esperar a que aparezcan los primeros olvidos ni hacer grandes cambios de un día para otro. Empieza con pequeñas decisiones cotidianas: elegir alimentos variados y nutritivos, mantenerse activo, dormir bien y atender las necesidades de nuestro organismo.
Las vitaminas y minerales forman parte de este cuidado, pero no funcionan como “protectores cerebrales” aislados. Cuando existe una deficiencia, lo adecuado es identificarla y corregirla con orientación de un profesional que determinará si es necesario consumir suplementos. Al final, cada elección saludable que hacemos hoy también es una forma de cuidar nuestro cerebro para el futuro.




