Dormir poco, descansar mal o hacerlo en horarios inadecuados tiene consecuencias que van más allá del cansancio diario, ya que la evidencia científica señala que la restricción crónica del sueño, su mala calidad y ciertos trastornos del dormir, especialmente la apnea obstructiva del sueño (AOS), incrementan el riesgo de desarrollar cáncer.
La doctora Yoaly Arana Lechuga, especialista en Medicina del Sueño, explicó que dormir no solo acompaña la salud, sino que participa activamente en procesos biológicos ligados al cáncer: regulación inmune e inflamatoria, reparación del ADN, control metabólico-hormonal y sincronización circadiana.
“Dormir de forma crónica menos de lo necesario se asocia con mayor riesgo de algunos tipos de cáncer, especialmente digestivo, respiratorio y todos aquellos que son hormodependientes. La razón es simple: mientras dormimos, el cuerpo regula la inflamación, repara el ADN y fortalece el sistema inmunológico; cuando el sueño es insuficiente o de mala calidad, estos mecanismos se alteran y con el tiempo pueden favorecer procesos anormales en las células”, anotó.
Afirmó que, de acuerdo con investigaciones recientes, dormir pocas horas se asocia con un mayor riesgo de desarrollar cánceres del sistema digestivo y respiratorio, mientras que la restricción del sueño también se vincula tanto con una mayor incidencia de la enfermedad como con un aumento en la mortalidad específica por cáncer.
Advirtió que “dormir poco de manera crónica no es un fenómeno inocuo, especialmente cuando coexiste con obesidad, inflamación sistémica, tabaquismo o estrés crónico”.
Arana Lechuga apuntó que las personas que cubren turnos nocturnos tienen mayor riesgo de presentar enfermedades oncológicas y la exposición a luz artificial nocturna se ha asociado con mayor riesgo de cáncer de mama, debido a la supresión de melatonina y la alteración del reloj biológico.
La especialista detalló que la apnea obstructiva de sueño también tiene una particular relación con el cáncer, a causa de la hipoxia intermitente, la inflamación y el estrés oxidativo. Refirió que se relaciona más con cánceres específicos como el esofágico y el endometrial.
Si bien no es una regla general, la evidencia reciente sugiere que la restricción crónica de sueño, la disrupción circadiana sostenida y ciertos trastornos de sueño sí constituyen factores relevantes en el riesgo oncológico, especialmente en poblaciones expuestas de forma prolongada y con comorbilidades metabólicas o inflamatorias.
“Dormir bien no garantiza que alguien no tendrá cáncer, pero dormir mal de forma crónica sí puede aumentar el riesgo”, concluyó la experta.